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Valores de Marcelino Champagnat

Pedagogía Marista

Para Marcelino Champagnat la educación es el medio para llevar a los jóvenes y niños a la experiencia de la fe y hacer de ellos "buenos cristianos y virtuosos ciudadanos", teniendo como modelo a María la Sierva de Dios, ya que para él “Sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable Hijo en sus brazos o en su corazón”
Su interés no estaba limitado a enseñar exclusivamente conocimientos sobre ciencias a los jóvenes y niños, quienes eran los más vulnerables dentro de esa sociedad: Su visión educativa iba mas allá, buscaba prepararlos para ser buenos cristianos dentro de la sociedad en que se desenvuelven, proporcionándoles las herramientas necesarias para convertirlos en buenos ciudadanos que contribuyeran a la superación de la misma sociedad. Para lograr lo anterior, era indispensable el conocimiento de las materias profanas, unido a una sólida formación cristiana para el fortalecimiento de las virtudes, teniendo como modelo a la Virgen María, ejemplo de virtuosidad.

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Sus principios educativos

La pedagogía Marista ha tenido hasta la fecha como fin el lograr una formación integral del educando, incluyendo el desarrollo de sus facultades humanas, su preparación para la vida profesional, la formación de su sentido ético y social, su apertura a la trascendencia y su educación religiosa, ante esto, Marcelino decía: Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar, ése es el fin de vuestra vocación y el fin del Instituto. Si no trabajáramos en ello, nuestra congregación sería inútil.”
Así mismo, busca proporcionar al alumno una formación humana de acuerdo a su edad, en un ambiente comunitario con fundamento en la fe católica con base en los preceptos de libertad y caridad, para que crezcan a un mismo tiempo, de acuerdo a sus características individuales, la fe y los conocimientos del mundo, de la vida y del hombre, logrando con ello que el alumno pueda servir a su sociedad y sea ejemplo para otros jóvenes.

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Se fundamenta en cuatro pilares como son: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Dichos pilares buscan dotar al alumno de un número determinado de conocimientos, los cuales implican que el alumno aprenda a aprender y que estos conocimientos permitan desarrollar competencias en el alumno a través de la práctica de éstos. Sin embargo esto no es suficiente, ya que se necesita que el alumno aprenda a vivir en comunidad, despertando en él el sentido de interdependencia a través

de determinados valores como el pluralismo, comprensión mutua y paz. Paralelamente busca propiciar que el alumno fortalezca su personalidad, para que sus acciones sean basadas con autonomía, juicio crítico y un gran sentido de responsabilidad personal. En síntesis la educación tiene como fin formar al individuo como un todo integral.

Para que la educación tenga éxito, ésta se debe transmitir en las relaciones cotidianas y continuas entre el profesor y el alumno; de los avisos y consejos personales, los reproches y los alientos, las lecciones diversas que dan lugar esas relaciones ininterrumpidas.

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Sin embargo, el amar a los alumnos no implica que estén exentos de ser sancionados ante cualquier falta, y antes que éstas se den es importante prevenirlas, ya que si se castiga constantemente perderán su potencial provecho, por lo que se sugiere que las sanciones se den con sabiduría y amor.
Para prevenir las faltas se considera necesario que en el trabajo educativo haya ecuanimidad en su trato, mantenerlos siempre ocupados con gran exactitud y medición en el tiempo de una actividad a la otra, con la finalidad de que el educando se vea obligado a responder de manera rápida en el cumplimiento de su deber con puntualidad. El alumno, debe ser instruido con bondad en sus obligaciones para que se sienta emocionalmente disponible a la realización de las tareas. Cuando la prevención de las faltas no es suficiente, entonces se debe influir en la voluntad del niño a través del llamamiento a la razón y a la conciencia mediante alabanzas y premios, cuando esto no da resultado, entonces será necesario usar la reprensión con suavidad y firmeza.
Por otro lado, enseñar no significa llenar las mentes de los niños con conocimientos, sino comunicarles las herramientas para adquirirlos, al dominar éstas, se desarrollarán las facultades intelectuales del alumno, con el fin de que se pueda valer de ellas ante cualquier necesidad durante el resto de su vida.
Marcelino tenía una frase favorita:“para educar bien a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual”, se establecen las características del estilo educativo de la pedagogía marista:

La educación se debe dar a través de la presencia con el alumno, manifestando la preocupación por él, tratando de tener un mayor acercamiento a su entorno a través de la creación de espacios donde el joven pueda desenvolverse en su tiempo de ocio, deporte y cultura. Dicha presencia facilita la prevención de conductas desordenadas y ayuda a los jóvenes a través del consejo y la atención prudente del profesor a un crecimiento armónico. En esta presencia, el educador se dirige al alumno de manera respetuosa con lo que se logra que el educando se sienta acogido y en confianza con lo que propicia un acercamiento.

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Sencillez

El trato con el educando deberá de mostrar una relación sencilla, auténtica y directa a través de coherencia y honestidad entre las palabras y los hechos. A esta sencillez se le añade humildad y modestia. Hay una preferencia por la sencillez del método, a través de una educación personalizada, práctica y realista, así mismo, la sencillez se observa en la expresión evitando las vanaglorias por parte del educador como del educando, propiciando la fortaleza de convicciones y la sinceridad con ellos mismos y con los que les rodean.

Espíritu de familia

Parte del método de enseñanza de Marcelino Champagnat era generar un ambiente familiar donde el alumno es acompañado por su maestro ante sus éxitos y fracasos; estableciendo principios de honradez, respeto mutuo y tolerancia; respetando la dignidad del educando y solventando las necesidades de cada uno de los implicados en el proceso de enseñanza.

Amor al trabajo

Fundamentados en la pedagógica del esfuerzo, se da motivación para que se logre un aprovechamiento del tiempo, fomentando el talento y la iniciativa. A través de la promoción del trabajo en equipo, se fomenta la cooperación y sensibilidad social.

Trabajando a la manera de María

María, es el modelo perfecto para el estilo educativo de Marcelino Champagnat, quien fue educadora de Jesús de Nazaret, manifestación de Fe, ejemplo de la unidad familiar, es el amor que se materializa en su acción educativa con Jesús, permitiéndole que desarrollara su propia identidad.