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Fundación del Instituto Marista

El 28 de Octubre de 1816, en la aldea de Les Palais, Marcelino asiste en su lecho de muerte a un joven de 16 años llamado Jean Bautiste Montagne.  Es en ese momento en que Marcelino se da cuenta de que el joven Jean Bautiste nunca ha oído hablar de Dios, dedica un buen tiempo para instruirle sobre los fundamentos de la religión católica, posteriormente se va a visitar a otro enfermo no muy distante de esta casa y  al regresar,  Marcelino pasa de nuevo a ver como seguía el enfermo y su madre le informa que en cuanto él salió de la casa murió el joven.

El RoseyParroquia en El Rosey

Seis meses después de haber llegado a la parroquia de la Valla, Marcelino que contaba en ese entonces, con 27 años funda el 2 de Enero de 1817 La Congregación de los Hermanitos de María(Petits Frères de Marie), en honor de la Sma. Virgen en quien ha depositado toda su confianza, reuniendo a sus dos primeros discípulos Juan María Granjón de 23 años a quien el padre le enseña a leer y escribir y Juan Bautista Audrás de 15 años en una pequeña casita junto a la casa rectoral, que Marcelino primero estuvo alquilando y luego la compró, lo que le permitía dirigir y formar aquellos dos primeros discípulos, sin molestias excesivas y también tenía un pequeño huerto en el cual podían trabajar los dos primeros candidatos, por lo cual pagó mil seiscientos francos, los cuales pidió en préstamo. Los primeros hermanitos se dedicaban a cuidar el huerto y a fabricar clavos que luego vendían, para poder subsistir.

Apasionado por extender el Reino de Dios y consciente de las inmensas necesidades de la niñez y la juventud en los ambientes rurales, logra convertir a los jóvenes campesinos que viven con él en apóstoles de Cristo y de María.  Muy pronto comienza a abrir escuelas, y muy pronto la casita de La Valla, ampliada con el trabajo de sus propias manos empieza a quedarse pequeña.  Las dificultades son enormes.  Algunos sacerdotes no comprenden el proyecto de este humilde coadjutor sin experiencia y sin dinero.  Sin embargo los ayuntamientos no cesan de pedir que les envíen Hermanos para que se hagan cargo de la instrucción y educación cristianas de los niños de sus municipios.

 

En noviembre de 1818 funda la primera escuela en su pueblo natal, Marlhes. Y al año siguiente en su parroquia, La Valla.  En adelante los pedidos de nuevas fundaciones se harán tan urgentes, ya que en el lapso de unos 22 años, deja a su muerte 48 escuelas fundadas donde se educan más de 7,000 alumnos.

 

Marcelino y niñosMarcelino y los niñosLa Virgen María de igual forma bendice a la congregación recién fundada con abundantes vocaciones, por lo cual en el mismo lapso, el padre Champagnat deja tras su muerte unos 280 hermanos, 49 que ya habían fallecido y algunos cuantos que se habían retirado.

Marcelino y sus hermanos participan en la construcción de una nueva casa capaz de acoger a más de cien personas, a la que le da el nombre de Notre Dame L´Hermitage (Nuestra Señora del Hermitage).

 

En 1825 es liberado de su cargo de Coadjutor de la parroquia, situación que aprovecha para dedicarse por completo a su incipiente congregación, atendiendo especialmente a la formación y acompañamiento espiritual, pedagógico y apostólico de sus hermanos, a la visita de las escuelas y a la fundación de nuevas obras. Como hombre de profunda fe, Marcelino no deja de buscar la voluntad de Dios en la oración y en el diálogo con las autoridades religiosas y con sus Hermanos.  Consciente de sus limitaciones, no cuenta más que con Dios y con la protección de la Virgen María, a la que con mucha frecuencia llama con los siguientes títulos: "Nuestra Buena Madre", "Nuestro Recurso Ordonario", "Nuestra Primera Superiora" y "Aquella que lo ha hecho todo entre nosotros".  Su profunda humildad y su vivo sentido de la presencia de Dios, le permiten sobrellevar numerosas pruebas con una gran paz interior y con mucha frecuencia repite las palabras del salmo 126 "Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles", convencido de que todo hay que  ponerlo en manos del Señor y adopta de esta forma la siguiente divisa "Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús"

Notre Von MereNuestra Buena Madre

 Marcelino evoca una profunda devoción a la santísima Virgen María, pero su principal misión como apóstol y catequista es "Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar", es la misión de sus hermanos, y la escuela es para él el lugar privilegiado para la evangelización.  Marcelino inculca a sus discípulos el respeto y el amor a los niños, la atención a los más pobres y a los más abandonados y a los huérfanos en particular.

 

La presencia constante entre los jóvenes, la sencillez, el espíritu de familia, vivido todo a la manera de María, son los puntos esenciales de su idea de la vocación, y con frecuencia se le oye decir "No puedo a ver a un joven sin sentir la necesidad de hablarle de Dios".

En 1836, la Iglesia reconoce la Sociedad de María y le confía la misión de Oceanía.

Marcelino pronuncia los votos como miembro de la nueva sociedad y envía a tres de sus hermanos con los primeros misioneros los Padres Maristas, a las islas del pacífico. "Todas las Diócesis del mundo entran en nuestos planes" escribe con mucha humildad a un obispo. Las gestiones para lograr el reconocimiento legal de la congregación le llevan mucho tiempo y muchos viajes y le exigen mucha energía y mucha fe; pero no deja de repetir "Cuando se tiene a Dios de nuestra parte y cuando no se cuenta más que con Él, nada nos es imposible.

Cruz

El día que Marcelino Champagnat, iba de camino hacia su nuevo destino, la parroquia de La Valla, en la subida antes de llegar al pueblo, cuando divisó la torre de la Iglesia se arrodilló devotamente a agradecer al Señor y a la Buena Madre, por todos los bienes recibidos.  Actualmente en este lugar se encuentra una cruz, para recordar este piadoso detalle de nuestro querido padre.