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Filosofía Educativa Marista

El Liceo Coatepeque es un colegio católico que pertenece a la Congregación de los Hermanos Maristas de la Enseñanza. Ésta fue fundada por San Marcelino Champagnat el 2 de enero de 1817, en La Valla, Francia y actualmente está presente en 77 países del mundo, educando a más de medio millón de estudiantes cada año. Al fundar esta congregación dedicada a la educación, Marcelino pretendía extender el Reino de Dios mediante la educación de los niños y los jóvenes, formando “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.

Lo que ante todo y sobre todo cuenta para nosotros Hermanos Maristas, es la persona viviente de Cristo y su evangelio.  En nuestro actuar tomamos como modelo a la Santísima Virgen María y procuramos vivir en íntima relación personal con ella, según el espíritu y los designios de Nuestro Padre Fundador, San Marcelino Champagnat y conforme a las orientaciones del Magisterio de la Iglesia.

Por esta razón ofrecemos una educación cristiana integral a los niños y jóvenes sin discriminación alguna y con predilección por los menos favorecidos o más necesitados, teniendo en cuenta la justicia social y cristiana y según el pensamiento de Marcelino Champagnat: "Todas las Diócesis del Mundo entran en nuestras miras"

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Inmersos en esta misión los ayudamos y los acompañamos en el proceso de maduración de su fe y de su ser integral, cuidando de conducirlos a Jesús por María, para que lleguen a ser Buenos Cristianos y Virtuosos Ciudadanos.

Este es el tipo de  filosofía que deseamos vivir e inculcar en nuestros alumnos en el Liceo Coatepeque y que queda plasmada en las siguientes características:

Estilo Peculiar Marista

El estilo marista se fundamenta en una visión integral de la educación que busca comunicar valores, con una metodología pedagógica innovadora.  Parte del pensamiento de Marclelino Champagnat se expresa en la frase "para educar a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual".

Pedagogía de la Presencia

El educador marista orienta sobre todo haciéndose presente entre los jóvenes, demostrando que se preocupa por ellos personalmente en una actitud de cercanía.  Se compromete con el mundo  de los jóvenes saliendo a buscarles en sus propios ambientes y a través de sus propias costumbres y culturas.  El docente marista vive una presencia que ayuda a los niños y jóvenes a través del consejo y la atención prudente, siendo de este modo una presencia preventiva, atenta y acogedora con todos.

Sencillez

La sencillez del educador marista se manifiesta en el trato con los niños y jóvenes, mediante una relación auténtica y directa.  A esta virtud se añaden también la humildad y la modestia componiendo así el símbolo de las tres violetas de la tradición marista.  El estilo de educar como Marcelino, es personalmente personalizado, práctico, basado en la vida real, orientados a los jóvenes para que adopten la sencillez como un valor para sus propias vidas.

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 Amor al Trabajo

Marcelino Champagnat era un hombre de trabajo, enemigo acérrimo de la pereza.  En el marco escolar, el amor al trabajo exige una preparación cuidadosa de nuestras clases y actividades educativas, corrección de las tareas y de los proyectos de los estudiantes, planificación y evaluación de programas y apoyo complementario para aquellos que presentan cualquier tipo de dificultad.  Esto supone iniciativa y decisión para encontrar respuestas creativas y adecuadas a las necesidades de los niños y jóvenes.

Espíritu de Familia

El gran deseo de Marcelino Champagnat es que los docentes maristas se relacionen con los jóvenes y consigo mismo, como miembros de una misma familia que se ama, se comprende y se respeta.  El espíritu de familia se antepone a la idea de una educación orientada a la consecución de resultados de libre albedrío y que no respeta la dignidad y las necesidades de cada persona en particular.

Al estilo de María

María es el modelo perfecto para el educador marista, como lo fue para Marcelino.  María, primera discípula de Jesús orienta nuestro caminar en la fe.  El aspecto mariano de la espiritualidad marista se manifiesta, ante todo, en el deseo de imitar sus actitudes para con los demás y para con Dios.  Con el canto de alabanza del Magnificat, María nos invita a testimoniar la solidaridad con los más necesitados y con los que sufren.  Nuestro lema Todo a Jesús por María y Todo a María para Jesús, lo hacemos realidad en nuestra vida cotidiana.

Principios Filosóficos

Queremos lograr a través de la educación marista, una persona que se conozca a sí misma, se acepte tal cual es y se ame a sí misma como un medio para amar a los demás.

Que reconozca al otro y, en solidaridad, construya un proyecto humanista y humanizador.

Que se descubra como parte de un mundo que debe ser transformado y construido según el proyecto de Dios.

Que aspire a la trascendencia, es decir, a una relación equilibrada con su entorno social, con Dios y la creación.

Que se implique y se comprometa en la construcción de una comunidad que quiere ser auténtica y participativa.  Todos implicados en la misión educativa, abierta a su entorno, dialogante y crítica, armonizadora de fe-cultura y vida, según el espíritu marista.

Que sea capaz de transformar a las personas y al medio social donde están insertas.

Que busque una educación que propicie la formación integral de la persona, promueva el aprendizaje en valores y capacidades.  Forme un ser humano comprometido consigo mismo y con la sociedad.  Que promueva el desarrollo integral de los niños y los jóvenes.

Que sea capaz de construir un proceso planificado, integral e integrador, que cuente con la participación de toda la comunidad educativa y que brinde modelos para interiorizar normas, actitudes y valores.

Soñamos formar al joven que sea dinámico, innovador y con principios profundos y evangelizadores al servicio de la sociedad en que está inserto.

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